Verdades y mitos sobre la amistad
- hace 3 días
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Salvador Carrillo
@terapiacarrillo
El fenómeno de la amistad está lleno de mitos, exageraciones y por supuesto mezquindades. ¿Qué es realmente un amigo? ¿Acaso lo que entendemos por amistad no está mal influenciado por una serie de dictámenes sociales y protocolos sin justificación alguna? Pensar al respecto es sumamente importante, ya que la amistad es uno de los conceptos centrales de la condición humana.
Si vamos a autores como por ejemplo San Agustín, se encuentra la idealización de la amistad en que el amigo es algo extraordinario, superior a un hermano y un amante, un verdadero compañero de la existencia. Y uno se pregunta, ¿y en dónde se consigue un amigo así? La verdad es que los verdaderos amigos en la vida de una persona son muy pocos. Y si usted tiene uno o dos amigos profundos verdaderos, entonces considérese bastante agradecido.
Lo que la mayoría de las personas poseen son carnales, compadritos, la amiguita del trabajo, el grupo alegre de bebedores, el club del chisme, el grupo de aficionados a un deporte determinado. Pero amigos profundos usualmente brillan por su ausencia, ya que en general la profundidad en esta vida brilla por su ausencia.
El amor es una función de la madurez. Madurez es evidentemente el desarrollo evolutivo de la personalidad. Y claro, la mayoría de personas de edad adulta tienen una madurez baja, y algunos muy, muy baja. Entonces no podemos decir que pueda haber grandes amistades, porque para que haya una gran amistad se requiere que ambas partes de esa amistad tengan un desarrollo personal muy alto. Y eso no es lo usual, ya que el desarrollo personal de las personas es bajo y en muchos casos muy bajo.
Por ende, hay que mantener una perspectiva razonable con respecto al concepto de amistad. No debemos ser exageradamente... no debemos tener una expectativa exagerada sobre lo que los otros nos pueden dar. Los otros en muchos casos tienen poca capacidad de dar. En realidad, si somos serios con respecto al concepto de amistad, podemos entenderla como una relación medianamente satisfactoria que tendrá bastantes momentos de problemas y de discordias, y que uno mantiene en la medida que vale la pena, y que se sustenta en gustos en común, en que hay cierta confianza para contar las cosas personales, y que hay tiempo también para desarrollar esa amistad. Y que las amistades de verdadera profundidad son escasas.
Muchas personas no son conscientes de eso, porque confunden pasar bastante tiempo con alguien y divertirse incluso, con profundidad. Pues primero, para yo tener una amistad profunda, primero yo debo ser un individuo profundo. No puedo concebir que haya una amistad profunda y yo ser un individuo frívolo, porque si no, ¿cómo podría desarrollarla? Sería imposible.
Habiendo dicho esto, no debemos hacer de menos las amistades más frívolas, los amiguitos que son un poco por encima, porque muchas veces pueden ser una compañía que en un momento determinado puede cumplir un rol importante, son una distracción, un entretenimiento, y hasta incluso un networking.
A raíz de mis observaciones de las personas, aquellos que de verdad aprovechan a una mayor profundidad las amistades, son aquellas personas que son muy conscientes de la tendencia de los otros a ser egocéntricos y ellos mismos no son tan egocéntricos. El niño no piensa más allá que de su propio capricho. Y hay muchas personas en edad adulta que no piensan más allá de su propio egocentrismo.
El verdadero afecto implica reconocer al otro en su otredad y aceptarlo en su otredad, y distanciarse si no se le puede aceptar y si no hay una justificación para hacer ese esfuerzo. Implica no ver al otro como simplemente un personaje que cumple una función en mi narrativa personal, como si el otro no tuviera subjetividad.
Es decir, cuando uno ya profundiza en el tema de los afectos, el tema se vuelve complejo, se vuelve complicado. Implica una comprensión de cómo son las relaciones de uno mismo y del otro, que eso ya es muy difícil para la mayoría. Y es más, muchas personas no están en capacidad ni llegarán a estarlo de tener una amistad profunda, y no es culpa de ellos, sino que es difícil. Por eso no hay que ser demasiado exigentes con los demás, y tampoco no tan exigentes con uno mismo ni dar más de lo necesario o de lo que se desea.



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