PARTE III: Explicación de "Haz tu voluntad, esa debe ser toda tu ley" de Aleister Crowley
- Salvador Carrillo

- 22 dic 2025
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Haz tu voluntad, ésa debe ser toda tu ley. "Voluntad" en griego es Thelema. Y precisamente la doctrina de Crowley lleva el nombre de Thelema, por lo que los seguidores de esta suelen llamarse thelemitas. De allí que uno de los varios nombres alternativos con los que se autodenomina Crowley es Master Therion.
Crowley no era un buen representante de su propia doctrina. Los errores en su biografía demuestran el hacer la propia voluntad de manera distorsionada.
Antes de pasar a explicar por qué debemos conocer el origen de por qué precisamente escogió el nombre Thelema para su doctrina, cabe señalar que la frase "Haz tu voluntad, ésa debe ser toda tu ley", la cual él proclamaba que le fue dictada por una entidad llamada Aiwass, en realidad la tomó de la novela Gargantúa, escrita por Rabelais. En dicha novela hay una abadía llamada, por supuesto, la Abadía de Thelema. Y por ello, en Cefalú, Italia, Crowley fundó su propia Abadía de Thelema.

La diferencia: La Abadía de Thelema de la novela era un grupo de librepensadores que vivían en comunidad de manera sabia y tranquila. La abadía de Crowley era decadencia, drogadicción y orgías; una locura de vicio y degradación, de donde sus participantes salieron muy mal librados. Debemos recordar que Crowley hasta el final de sus días padecía de adicción a las drogas.
¿Esto niega la validez de las ideas de Crowley? No. Lo que demuestra es que Crowley era un hombre imperfecto, cuyo ego y vicios dañaron su vida y la de los demás. Era un hombre genial, muy creativo y erudito, pero sus defectos causaron un gran daño. ¿Esto invalida el "Haz tu voluntad, ésa debe ser toda tu ley"? Tampoco. Más bien, como el mismo Crowley señala en Liber II, no debe confundirse con libertinaje, sino como la búsqueda de la verdadera voluntad: abrirse a aquello que es más profundo en el interior y vivir acorde a ello; no se trata de apetencia y vicio. Las adicciones de Crowley hacen pensar en las de Alan Watts, y sobre Watts nadie diría que sus enseñanzas son dañinas.
Crowley fue un hombre, y tanto él como sus enseñanzas fueron imperfectos. No por ello debemos dejar de lado aquello que se puede rescatar de sus textos. Debemos estudiarlo, tomar lo que es válido y desarrollarlo. En estas tres entregas se ha reflexionado sobre el principio de "Haz tu voluntad, ésa debe ser toda tu ley". Así como este punto, hay varios otros que merecen una atenta profundización.

Los estoicos señalan que las pasiones son enemigas del destino. La madurez, el autoconocimiento, los valores y el autocontrol son fundamentales para conocer la propia voluntad. Crowley es el ejemplo de su propia doctrina mal aplicada. El vicio no es el desarrollo de la verdadera voluntad, sino, por el contrario, una pérdida de la misma. El vicio distancia a la persona de su verdadera voluntad, la adormece, la disocia. Justamente, Crowley recomendaba prácticas como el yoga y la meditación para entrar en contacto con uno mismo; disciplinas que son opuestas a la degeneración moral y a las adicciones en las que Crowley cayó.
Que la reflexión sobre este hombre y su obra sea motivo para buscar encontrarnos a nosotros mismos y para vivir en autenticidad, de la manera más elevada posible.




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