El arte de la libertad
- 11 feb
- 2 Min. de lectura
por Salvador Carrillo
La libertad es algo primordial. La vitalidad necesita de libertad para desplegarse. Pero muchas personas entienden mal la libertad porque la asocian con vicio y buscan tener unas vidas llenas de intensidad transgresora.
Buscan tener relaciones de pareja llenas de drama adrede y de lujuria sin pensar en las consecuencias. Por supuesto, no hay nada de malo en un poquito de erotismo, pero me estoy refiriendo a la sexualidad que daña emocionalmente y que no vela por las consecuencias negativas que puede producir. Asimismo, se dedican a drogarse, a tomar en exceso, desarrollando adicciones.
El vicio vs. la libertad
El vicio es lo opuesto a la libertad, porque si yo tengo un vicio, por lo tanto, mi libertad se ha visto encadenada. Cuando yo pienso en libertad, lo asocio a la manera en que lo comprendía el filósofo francés Gilles Deleuze.
Para Gilles Deleuze, la persona libre era aquella que vivía sin estar atada, abierta siempre al cambio, a su devenir interior, explorando, experimentando distintas cosas y ver hacia dónde les lleva. Siendo así una persona con muchas áreas de interés, con una personalidad multidimensional, no unidimensional.
La persona viciosa está limitada, restringida. No es libre.
La vida no es una película
En muchas personas que todavía les falta madurar, sucede que quieren hacer de su vida una película.
Algunos quieren que su vida sea una película de acción, como de los filmes de Jean-Claude Van Damme; quieren pelearse, cogerse a golpes.
Otros quieren que su vida sea una película erótica.
Y otros quieren que su vida sea un drama, como las telenovelas mexicanas.
Y, por supuesto, para que esas películas sean interesantes, tiene que haber problemas, transgresiones. Así, estas personas buscan problemas, crean conflictos, se lanzan a transgredir ciertos límites para, así, volver más cinematográfica su existencia. Pero el asunto es que en el cine la ficción no tiene consecuencias: acaba cuando acaba la película. Pero en la vida real sí hay consecuencias a lo que hacemos.
Cultivar el arte de vivir
Es por eso que yo considero que uno tiene que buscar vivir una vida intensa, interesante, pero bien dirigida, siendo consciente de las consecuencias. La vida no es una película. Hay muchas cosas muy bellas, interesantes, intensas para explorar en la existencia:
Pon un negocio.
Ve a caminar en la naturaleza.
Desarrolla un vínculo con una mascota.
Lee las mejores novelas.
Sal con amigos.
Aprende algo, estudia, haz deporte.
Pero, por favor, no busques que tu vida sea como una película, porque probablemente acabarás decayendo en vicios, acabarás transgrediendo cosas que vayan en contra de tu dignidad y de tu salud; acabarás perdiendo tu sentido de dignidad.
Más bien, así como Deleuze invita, yo te invito a que explores las cosas que te interesan, que te lances a aquellas cosas que son difíciles y fascinantes. Que pueden ser desde cosas complejas, como iniciar una gran empresa, como cosas simples, como por las tardes sentarte a mirar el ocaso del sol o estar tranquilo en tu sala practicando la meditación.
La libertad hay que aprender a usarla. No se trata simplemente de ser tozudamente libre, sino que hay que aprender a cultivar el arte de la libertad.

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