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Cuestiones religiosas: ¿Es lo mismo creer en Dios que en Cristo?

  • hace 5 días
  • 3 Min. de lectura

por Salvador Carrillo


El debate sobre el asunto cristiano tiene dos niveles que suelen confundirse de manera grave: el problema de la existencia de Dios y el problema de la divinidad de Cristo. Muchos cristianos buscan probar la validez de Cristo mediante argumentos que afirman la existencia de Dios. Y varios ateos buscan negar la validez de Cristo para negar la existencia de Dios. Es como confundir el concepto de fruta con el de manzana.

Ya es un problema afirmar la existencia de Dios. Esa es la primera tarea. La segunda tarea es afirmar la divinidad de Cristo. Pues Dios puede existir sin Cristo (deísmo). Pero Cristo no puede existir sin Dios. Sin embargo, que exista Dios, reitero, no significa que Cristo tenga que ser ese Dios. De allí que para afirmar que Cristo es Dios, primero tengo que probar que Dios existe y luego que Cristo es Dios. Y para ser franco, de ninguna de esas cosas hay prueba fehaciente, pues ninguna de las dos se puede proba de ninguna manera.

Para entrar en este análisis, primero debemos entender lo que es una hipótesis y un resultado. Mediante una serie de argumentos con base construyo una hipótesis, es decir, una respuesta probable a un problema. Pero la hipótesis solo es hipótesis. Probarla es otra cosa; para ello es necesario algún tipo de experimentación. Por ejemplo, yo puedo decir que la Tierra es plana porque la veo plana; esa es mi hipótesis. Pero si te subes a un cohete verás que es redonda, no plana. Los científicos no desarrollan teorías científicas encerrados en una habitación pensando cosas racionales: así hacen las hipótesis. Luego viene comprobarlas.

Las especulaciones filosóficas sobre Dios son eso: hipótesis. Un ejemplo: la causa primera de Aristóteles, la cual indica que si todo es causa y efecto, entonces tiene que haber una causa primera, la causa de todas las causas. Esa es una hipótesis, no es que se sepa. Eso habrá que probarlo. Que sea lógico no significa que sea real. El universo no es lógico; los seres humanos construyen su lógica en base a las premisas del universo. Ahora, que no pueda probar esa hipótesis no significa que sea falsa, pero tampoco verdadera. De allí que creer al final es un acto de fe, no científico. (Además quiero agregar algo que indicó el filósofo español Gustavo Bueno – no confundir con el actor peruano homónimo–: “Nadie dice ‘¡Oh, causa primera, alabada seas!’”; es solo un constructo filosófico abstracto.)

Así como la causa primera, hay muchos argumentos más, como el estético: ¡mira qué bello paisaje, lo debe haber creado un Dios! Pero claro, es un argumento totalmente sensiblero; en fin, para algunos será un argumento válido.

Sean cuales sean los argumentos lógicos para probar la existencia de Dios, no se le puede probar, solo se le puede tener fe. Y a quien le nazca tener esa fe, pues bien por él o ella. Digamos que aceptamos la existencia de Dios. ¿Y Jesús? No es lo mismo Dios que Jesús. Porque se haya probado la existencia de Dios no significa que hayamos probado la divinidad de Jesús. Debemos recordar que la creencia en Yahvé es anterior a la de Cristo; Yahvé ya existía antes como creencia social.

Jesús se supone que hizo muchos milagros y dio enseñanzas que seguro son del agrado de muchos… pero aquí la cuestión se reduce a estas preguntas: ¿De verdad resucitó, y si resucitó significa que en verdad era quien decía ser? ¿De verdad va a volver para el fin del mundo? ¿Va a haber el fin del mundo bíblico como dice en el Apocalipsis? Muchos, sobre todo evangélicos, ante esas cuestiones dan respuestas, diría, demasiado seguras de sí mismas, propias del fanatismo. La verdad, las respuestas que dan no son para nada científicas ni tampoco lógicas – quizá de lógica forzada–. En realidad sus respuestas son de fe, y como para muchos evangélicos a más fe más salvo eres, entonces ante esas cuestiones tienen que decir que un contundente sí… porque sí.

 
 
 

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