3 consideraciones sobre la complejidad del ser humano y la realidad: Watts, Escohotado y Ellis

Actualizado: may 28


Por Ps. Salvador Carrillo

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3 consideraciones sobre la complejidad d


La realidad no tiene una esencia como objeto único. Lo real es complejo y lo complejo es lo real. El ser humano, al ser real, su esencia es la complejidad misma. La persona, su vínculo con la realidad y la realidad, son elementos complejos. De estos hechos, surge la duda de cómo desarrollar una identidad realista y sólida y qué aptitud desarrollar ante una realidad dinámica y cambiante.


Para profundizar en este tema, he escogido citar a 3 sabios que lo han desarrollado de manera formidable: Alan Watts, Antonio Escohotado y Albert Ellis. Recomiendo leer los excelentes libros a partir de los cuales se les cita.


Alan Watts y La gran corriente

En su libro La sabiduría de la inseguridad (2009), en el capítulo La gran corriente, el filósofo orientalista Alan Watts desarrolla ideas muy interesantes sobre la identidad personal y la complejidad de la realidad.


Inicia su exposición explicando la dualidad de las cosas. En general, nada es del todo bueno o malo. A más apreciamos algo, más inseguridades nos generan. Si poseemos un jarrón hermoso, tenemos el temor que se rompa. Si conseguimos un ser amado, tememos que nos deje o engañe. La plenitud nos evade. Watts coloca de ejemplo a la mosca que cae en el tarro con miel. Ella busca el dulce, pero al caer allí, se pega y muere ahogada. “Nos enamoramos de otros seres y posesiones sólo para que nos torture la inquietud que nos producen” (Watts, p.39, 2009).


Luego, hace una diferencia entre el “Yo”, consciente, racional y ordenado, y el “yo”, que es pasional, dinámico y complejo, más propio de la naturaleza. El “Yo” pareciera estar en permanente conflicto con el “yo”. Indica que ese “Yo” es poco consciente de que en realidad también es dinámico y que su independencia es ilusoria.


Estas definiciones de “Yo” y “yo”, desde mi interpretación, quieren decir que tenemos una idea fija de nosotros mismos. Pero, constantemente nos damos cuenta que hay elementos en nuestro interior que contradicen esa auto-imagen. Somos poco conscientes que nuestra identidad personal es a su vez algo cambiante.


Watts continúa explicando que las personas buscamos una comprensión “fija” del mundo. Pero el mundo, al ser una complejidad dinámica, no admite una comprensión fija de las cosas.


Evidentemente, Watts no se está refiriendo a que no busquemos comprender al mundo, no se trata de un anti-intelectualismo. Está expresando que no debemos dejarnos llevar por los dogmas, por los paradigmas enlatados que son tomados como verdades sagradas. Nuestra comprensión del mundo debe ser compleja e ir cambiando conforme el mundo vaya cambiando.


Correlacionando con los conceptos de “Yo” y “yo”, podemos indicar una interesante reflexión. La persona que se comprende a sí misma de manera fija es probable que extienda dicha rigidez a su visión del mundo, para no sufrir una disonancia cognitiva, lo que le va alejando cada vez más de la realidad.


Luego Watts, continúa explicando la diferencia entre convenciones y el valor real de las cosas. Señala que muchos elementos son percibidos como totalmente beneficiosos solo porque la convención social lo dice, como por ejemplo el valor que se le da al dinero. Pero esta idealización es solo una idea fija que no reconoce la complejidad de lo real.


Señala que las convenciones se extienden también a nuestra manera de entender el mundo. El lenguaje es una convención social pero porque pueda nombrar algo no significa que lo entiendo en su verdadera complejidad. “Cuando el hombre busca darse un nombre y definirse, siente que tiene una identidad. Así comienza a sentirse, como la palabra, independiente y estático, en contraposición al mundo real, fluido por la naturaleza” (Watts, p.46, 2009). Continúa señalando que la realidad es movimiento y fluidez. Indica que “las palabras y los pensamientos no representan la fluidez de la vida” (Watts, p.47, 2009). Al respecto, añade que nada existe por solitario, sino que todo está en relación con el todo. “El mismo diccionario es circular: define a las palabras remitiendo a otras palabras” (Watts, p.48, 2009).


Para Watts, el ser humano ha confundido a los símbolos con la realidad. El símbolo es fundamental y necesario. Tenemos una visión simbólica de nosotros mismos y la realidad, pero dicha simbología es un instrumento simplificado, nada más que un consenso, no es la realidad compleja y dinámica de lo real.


Antonio Escohotado y Las fuentes del orden

En su libro Caos y Orden (1999), en el primer capítulo Las fuentes del orden, Antonio Escohotado habla sobre la relatividad del orden y la naturaleza compleja del mundo.


Inicia hablando de los diccionarios. Señala que hay palabras que tienen un significado y otras son polisémicas, lo que pone en evidencia que el símbolo es plural, no de significado único.


Continúa explicando que la visión supuestamente ordenada del mundo suele ser pensada en cuestión de causa y efecto. Pero, el determinismo simple es una ilusión, ya que todo proceso está lleno de micro-cambios que conducen a grandes cambios.

Luego, señala que el desequilibrio puede ser apertura y la disipación puede ser algo estructurante[1]. A mí parecer, se refiere a que al desequilibrio en tanto que crisis como oportunidad de renovación. Por ejemplo, cuando en una relación de pareja hay una crisis, significa que se está poniendo en evidencia que los esquemas bajo que la pareja operaban han fracasado y es necesario que se abran a nuevas formas de enfrentar su vínculo. Una empresa que sufre una crisis, tiene que renovar sus procesos. La ruptura termina siendo apertura hacia lo novedoso. Además, también a mi parecer, la palabra disipación se refiere a lo explorativo y errático. Por ejemplo, el intelectual que lee sobre muchos temas, puede llegar a conclusiones más originales que el que se dedica a estudiar un solo punto, o el artista que solo explora una técnica logrará una obra menos compleja que quien explora una variedad de técnicas. Por estos mismos motivos, indica el autor, toda unidad - grupo social o del que sea- no debe buscar la homogeneidad, sino las diferencias internas para su buen funcionamiento. Sobre ello, por ejemplo, en una relación sentimental, si ambos son hippies espirituales puede que cuando tengan problemas económicos no sepan cómo confrontarlo, pero si una de las partes es hippie y el otro es empresario, se complementan entre sí -lo espiritual y económico- generando un vínculo más interesante y complejo.


Más adelante, coloca como ejemplo al orden castrense, al cual llama “El orden de la orden” (Escohotado, p.17, 1999). Señala que este es muy atractivo por su eficiencia, pero sacrifica la capacidad cognitiva de la persona. El soldado no piensa por sí mismo. El orden basado en la cohersión es demasiado simple para cuando se necesita que los individuos reflexionen por sí mismos y se desarrollen en sus diferentes dimensiones.[2]


Luego, Escohotado termina narrando un momento de inspiración que tuvo en el Museo Louvre – en París, Francia-, cuando pasó de una sala de Asia Menor a Grecia. La superioridad del arte helénico comprado con el anterior visto lo hizo darse cuenta de la belleza de la visión más compleja del mundo, propia de la civilización griega. Y lo hizo comprender, que quienes aspiramos al autoconocimiento y la apertura al mundo de lo complejo, somos descendientes de la cultura helénica. Tarea que solo es capaz si se dejan de lado las ideas preconcebidas.


Además, es importante destacar el realce que hace el autor sobre que la exploración de la complejidad de la realidad debe ser tanto interior como exterior, pues se interrelacionan y construyen uno a otro.


Albert Ellis y La reducción del ego

En el libro El mito de la autoestima (2005), en el capítulo “La TREC[3] reduce mucho del ego humano”, Albert Ellis nos habla sobre la complejidad que constituye la esencia del ser humano.


El autor comienza señalando que una persona es demasiado compleja como para para reducirla a una simple categoría. Y que además, la autoestima demasiada elevada nos llevará a la soberbia.


Las personas tenemos la tendencia a ponernos etiquetas. “Soy tonto, lindo, feo, inteligente…”. Y volvemos esa identidad nuestra etiqueta. Si es una buena etiqueta decimos que tenemos buena autoestima, si es una mala etiqueta, se considera que tenemos mala autoestima. Ellis indica que una persona es un ser complejo, al cual no se le puede reducir a una etiqueta.


Luego, pasa a explicar que gusta del budismo zen y del taoísmo su visión compleja del ser humano, pero considera extremo las indicaciones de renunciar totalmente al ego y a los deseos. Considera que esta es una visión poco realista.


Luego, señala que en vez de juzgarnos de manera global es mejor que juzguemos nuestros actos, pero no a nosotros mismos. Esta indicación significa que hay que diferenciar la parte del todo. Si soy malo para la música, no debo evaluarme como un ser deficiente, sino como solo malo para la música. Si meto un gol no debo evaluarme como un ser superior, sino como buen futbolista para ese encuentro deportivo.


Ellis concluye indicando que el ego tiene de positivo que nos ayuda a sobrevivir y a disfrutar. El lado negativo es que tendemos a evaluar nuestra valía personal de manera global constantemente, de forma global, lo cual genera una elevada angustia existencial.


Conclusiones

La lucha entre lo simple y lo complejo es la lucha entre el autoengaño y la claridad. Una claridad solo alcanzable mediante el profundo análisis interior y del mundo. La promesa del cielo y la amenaza del infierno nos hace perseguir plenitudes concretas, sombras farsantes de la realidad, en que no existen los absolutos.


El dogma, la definición reduccionista de uno mismo y la negación de lo que no coincide con mis preceptos son síntomas de falta de apertura a la realidad. Para que una persona tenga una identidad sólida requiere un análisis continuo de su ser y no solo la simple etiqueta, que niega la complejidad de la naturaleza humana y la realidad.


La innovación, la creatividad y el cambio permanente son un tipo de orden más profundo y cualidades de una estructura más perdurable en el tiempo.

La verdadera trascendencia del ego es superar a la visión simple y determinista de la vida para abrirse a una noción más compleja y dinámica.

Bibliografía

· Ellis, A. (2005). REBT diminishes much of the human ego. En A. Ellis, The myth of self-esteem. (pp. 67-85). Nueva York, Estados Unidos: Prometheus books.

· Escohotado, A. (1999). Las fuentes del orden. En A. Escohotado, Caos y orden. (pp. 27-37). España: Espasa.

· Watts, A. (2009). La gran corriente. En A. Watts, La sabiduría de la inseguridad. (pp. 39-55). Barcelona, España: Kairós.

[1] Este principio que para muchos podría parecer escandaloso es fundamental para toda estructura funcional. Hecho que es expresado, incluso, en los textos teóricos modernos de administración de empresas. Lo mismo se aplica a la producción de series televisivas. [2] El orden de la orden aplicado como política pública fomenta la ignorancia y promueve el estancamiento cultural. Sociedades prósperas están conformadas más bien por individuos pensantes y reflexivos. [3] Terapia Racional Emotivo Conductual

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