El diálogo con los arquetipos (o entidades del interior)
- Salvador Carrillo

- 20 dic 2025
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Por Salvador Carrillo
La palabra magia tiene dos acepciones: la vulgar y la profunda, o Alta Magia. La vulgar hace referencia a hacer un conjuro para volverse millonario o leer el tarot para saber si el marido es infiel; no solo es vulgar, sino también charlatana. La acepción de Alta Magia alude a tener una visión mágica de todo. Todo es Magia y la Magia es el Todo. No se trata de negar la realidad, sino de entenderla desde una gnoseología, desde una manera determinada. Esta manera entiende la realidad a través del símbolo y la experiencia trascendental.

Para la persona que poco comprende esta forma elevada de la visión mágica del mundo, una manzana es solo una manzana. La persona que tiene una visión mágica del mundo ve en la manzana el producto de la tierra, el pecado tentador y, a la vez, la fuente de conocimiento. Ve algo complejo que trasciende a la manzana, que se convierte en símbolo vivo. De igual manera, el hombre que poco comprende esta forma de ver el mundo, al perder el autobús, eso es todo lo que entiende. Mientras que la visión mágica elevada ve en perder el autobús los cambios del destino, una revelación sobre sí mismo, incluso un mensaje y una oportunidad.
En el texto Magia: Teoría y Práctica de Aleister Crowley podemos encontrar el concepto de MAGIA mezclado con la palabra TODOS, en mayúsculas. Es una forma de decir que todo es magia y que la magia es para todos, pues la mirada mágica puede aplicarse a todo.

Es desde esta concepción mágica que debemos comprender la conexión con entidades astrales o, como diría Jung, los arquetipos. O, como diría alguien más aterrizado: con tus alegres amigos imaginarios. De niño tenías el poder de imaginar a un amigo ficticio y tener charlas con él. De manera triste, los adultos olvidamos que tenemos ese poder, y que el jueguito de hablar con el amigo imaginario tiene un poder y una dimensión totalmente diferentes.
Sabemos que la intuición es una razón resumida. Por ejemplo, si sé mucho de agronomía y llevo toda la vida cosechando y cultivando, podré dirigir una chacra de manera intuitiva. Es más, habrá veces que me dirigiré solo por intuición, sin tener muchos argumentos del porqué hago las cosas. Y es lo más probable que acierte en mis intuiciones. Esto se debe a que la intuición no es un superpoder paranormal, sino mi conocimiento y experiencia resumidos, encapsulados. Y, claro está, quien no sabe mucho de agronomía ni tiene experiencia cosechando y cultivando, tendrá intuiciones erróneas al momento de dirigir una chacra.
El diálogo con las entidades del interior tiene dos bases: los conocimientos y las experiencias. Cuando se contacta con las entidades del interior, en realidad se está hablando con un aspecto de uno mismo. Digamos, por ejemplo, que eres una persona muy pasiva y cierras los ojos para comunicarte con algo en tu interior que te ayude a confrontar un problema; quizá aparezca algo que te dé miedo. Y es que en esa imagen está toda tu agresividad reprimida. Puedes dialogar con ella y pedirle consejos. Claro, no tienes que tomarlos de manera ciega, pero al menos considerarlos.
Nuestro mundo interior es más grande que nuestra imagen. Creemos que somos algo, pero ese relato sobre lo que somos no es más que eso, un relato. Necesario, porque requerimos algún modelo para entendernos. Pero nuestro interior es más grande que ese yo fabricado y útil. Cuando dialogamos con entidades de nuestro interior, nos damos cuenta (como bien menciona Crowley) de que estamos dialogando con aquello que está más allá del relato de lo que creemos ser. Descubrimos que hay un Yo y un No-Yo.
Los especialistas en interpretación de sueños indican que uno es todos los personajes del sueño; cada personaje es un aspecto del soñante. Cuando uno cierra los ojos y se pone a dialogar con una entidad del interior, en realidad está en un estado de autohipnosis; está soñando despierto.
De allí que podemos hacer esta práctica dialogando con antiguos dioses y líderes religiosos, personajes históricos o familiares muertos. De igual manera, con personajes de ficción, famosos del mundo del espectáculo o seres de nuestra total invención. Solo recuerda: todo está en tu cabeza. ¿Cómo sabes que lo estás haciendo bien? Si te está haciendo bien.
La constancia en estas dinámicas hace que poco a poco vayas a niveles más profundos de tu ser. Se aconseja que te concentres en pedir consejos y consuelos. Recuerda en todo momento que todo está en tu cabeza, así que no preguntes quién será el próximo campeón de fútbol o dónde están las joyas perdidas de la abuela. También se aconseja que no siempre sea un diálogo; a veces solo puedes contemplar cierto personaje que te coloca en un estado emocional adecuado.
El tema da para bastante. Esta línea de trabajo es polémica y está en la misma línea de trabajo de cuando Jung realizaba su famosa “imaginación activa”. A algunos les costará mucho hacerla y a otros les será muy fácil. La constancia lo facilita aún más. Al final, solo hay una buena manera de comprenderla: practicándola.




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