Ensayo: Hölderlin: Nostalgia idealista

por Salvador Carrillo


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El presente ensayo tiene por objetivo analizar la obra y figura de Hölderlin tomando como eje a la pregunta ¿Para qué poetas en épocas de miseria? Como parte de este análisis se ha realizado una revisión de su biografía y se ha buscado profundizar en el sentido del romanticismo y la filosofía idealista. Además, se ha hecho hincapié en el vínculo entre el pensamiento y la sensibilidad del poeta y su trastorno esquizofrénico. Para terminar se han desarrollado unas conclusiones reflexivas y se ha señalado algunos autores importantes que fueron influenciados de manera directa por la obra de Hölderlin.

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¿Para qué poetas en épocas de miseria? es una pregunta que aparece en el poema Pan y vino -traducción de Brod und Wein-. El título nos hace pensar en lo que se encuentra sobre un altar: el pan y el vino en el cristianismo, así como en la mística dionisiaca del vino.

El poema tiene una tonalidad esotérica. Inicia con la noche y la Luna como fuente del recuerdo de algo secreto, las cuales llegan cuando se termina la jornada laboral. Se trata de un misterio que nos llama hacia una dimensión totalmente ajena a ese trajín de productividad y códigos sociales.

La pasividad de la noche nos permite recordar a la espiritualidad griega, pero no llegamos a encontrarnos a los dioses. Ellos son la representación de ideales absolutos que se encuentran latentes detrás del halo de la racionalidad. Arquetipos de los cuales nos tornamos conscientes solo cuando duerme la razón y cuyos principales voceros son los poetas, a quienes Hölderlin considera sacerdotes dionisiacos. Los coloca como seres llenos de nostalgia y pasión, que sufren por la ausencia de las grandes utopías y valores absolutos, y que por otra parte están llenos de ilusión porque tienen el presentimiento de que algún día el mundo de las apariencias será uno con lo supremo.

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Friedrich Hölderlin nació el 20 de marzo de 1770 en el reino de Wurtemberg, un antiguo estado al suroeste de la Alemania actual (se unió a la confederación alemana en 1815). A edad temprana, murió su padre y cuatro de sus hermanos. Este ambiente de muerte probablemente fecundó su sensibilidad poética.

En 1788 entró como becario al seminario de Tubingen. En paralelo, se desenvolvía la ilustración y la revolución las francesa, las cuales ilusionaron a Hölderlin, tal como se puede notar en numerosas cartas. Él soñó con una sociedad de individuos libres que viven plenamente. Debido a ello, sus sueños de utopía sufrieron un desgarro ante el giro sangriento que tomó la revolución francesa. Tras ello, dirigió su atención a la Grecia clásica como foco de esperanza e inspiración.

Hölderlin comenzó a leer a Kant, Platón y Rosseau e hizo amistad en el seminario con Hegel y Schelling. Es en este periodo que escribió los Himnos de Tubinga. Al salir del seminario, se dedicó a ser tutor en vez de religioso, al igual que Hegel. Poco después, hizo una visita a Schiller, quien lo recomendó como preceptor del hijo de Charlotte Von Kalb, le publicó los primeros fragmentos de Hiperión y le presentó a Goethe.

En 1795 comenzó a trabajar como preceptor de los hijos del banquero Gontard. Allí se enamoró de la esposa del banquero, Susette Gontard. Ella es colocada en la obra de Hölderlin como Diotima. Dos años después, Hölderlin comenzó a manifestar sus primeros síntomas de esquizofrenia, enfermedad que terminó de desarrollarse cuando se enteró de la muerte de su amada Susette, en 1802. En 1806 fue internado en una clínica psiquiátrica. Y en 1807, un ebanista que era lector de Hiperión lo alojó en su hogar, donde el poeta permaneció de manera pacífica hasta la muerte.

Hölderlin fue parte del Círculo de Jena, movimiento literario muy influenciado por la filosofía de Schelling y Fichte. Este grupo fue parte importante del romanticismo y contribuyó al desarrollo filosófico del idealismo alemán.

Él es considerado históricamente como uno de los exponentes más destacados del romanticismo. Este movimiento en una primera estancia buscaba la síntesis de las artes, la ciencia y la filosofía como un todo integrado, tomando de modelo a la Edad Media. Luego, pasó a dar mayor énfasis entre las diferencias del mundo cotidiano y las proyecciones irracionales del genio. Todos estos elementos son pilares en la obra de Hölderlin, especialmente por su atracción hacia la Grecia clásica – tal como sucedía con los escolásticos de la Era Medieval- y su manera personal de concebir la labor del poeta.

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Muchos prefieren entre el ser y el no-ser al no-ser. Entre abrazar a la realidad y a lo no-real, a lo no-real. La idea concreta a la polivalencia de los eventos. El esquema teleológico por encima del principio de incertidumbre que rige a la existencia. Se aferran a lo uno para negar a lo múltiple. Este carácter de aspiración por vivir desde la negación del mundo por amor al ideal es claramente reflejado por Hölderlin en La muerte de Empédocles, obra que tuvo varias versiones y que está basada en la figura del filósofo pre-socrático Empédocles. Sobre él dice la leyenda que se suicidó lanzándose a un volcán para volverse uno con el todo. Evento que aparentemente no sucedió en realidad.

El Empédocles de Hölderlin es un personaje inconforme con su época. Es libre y dueño de sí, llegando a auto-considerarse prácticamente una divinidad. Espera que los ciudadanos alcen sus conciencias, se subleven a los reyes y sean libres. Este acaba por retirarse de la polis y busca la muerte lanzándose dentro de un volcán para por fin volverse uno con el todo.

El cráter es la apertura hacia el núcleo. Ese magma hirviendo nos hace pensar en la esencia de la naturaleza, caótica, poderosa, desde donde emana la totalidad. El Empédocles de Hölderlin puede ser comprendido de dos maneras. Por un lado, es un místico poético que trasciende su estado corporal y se une con aquello que está detrás del mundo de las apariencias. Por otra parte, a la vez, se trata de una figura trágica que se suicida porque no ve en el mundo un reflejo de sus ideales y sensibilidad personal. Como Cristo en la cruz, es víctima y triunfador a la vez.

La obra sobre Empédocles nos dice mucho sobre la psicología de Hölderlin. Empédocles, como personaje, es su alter-ego. La tragedia del poeta consiste en el fracaso del idealismo y su resistencia a abandonarlo. Empédocles es la tozudez de aferrarse a ideas de gloria a pesar de que estas no encuentren sostén en la realidad. Esta forma de pensar, tan emotiva y poco realista, es incompatible con una visión saludable del mundo; es muy opuesto al saber práctico.

El salto al volcán es un símbolo de una estructura de la personalidad a punto de colapsar. Nos habla de un rechazo a la racionalidad para encontrarse con una pasión que encuentra su fuerza en su trasgresión de los límites de lo sano y realista. Una intensidad que no puede ser sostenida por una visión del mundo articulada con la realidad.

A partir de esto podemos, en parte, desarrollar un análisis psicológico-existencialista acerca de los motivos de la esquizofrenia de Hölderlin. La conciencia de sí, el yo, existe gracias al encuentro con el mundo. El Yo y el mundo se interrelacionan. (Recordemos la frase de José Ortega y Gasset: Yo soy yo y mi circunstancia). Cuando no hay mundo, no hay yo. Hölderlin tomó refugio en un mundo imposible. De allí, que su yo, al estar alojado en una fantasía fuera de todo espacio y tiempo, acabó por destruirse.

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En la mayoría de poemas de Hölderlin el mundo real es un lugar deprimente que solo cobra sentido por medio de la luz de otro mundo superior. Se trata de un poeta que no tiene verdadero amor a la vida, sino más bien amor a ideales llevados al nivel de divinidad.

Otra muestra de su carácter fue la relación que sostuvo con Susette Gontard. Ella es representada en su obra como Diotima, nombre de un personaje del Banquete de Platón. Es símbolo del amor espiritual y da a luz a las ideas y los pensamientos, lo que a su vez nos acerca al conocimiento de lo divino.

El vínculo entre Sussette y el poeta fue sumamente sentimental y a la vez nunca llegó a ser un verdadero proyecto de relación. Se enviaban unas cartas muy poéticas y exageradas. Su amor era un desborde de idealización y romanticismo. Era más una exaltación que una relación con alguna esperanza de futuro. No se requiere leer muchas de las cartas que se enviaban entre sí para notar que en vez de amarse uno al otro amaban al amor mismo.

Hölderlin veía en Susette a Diotima porque la idealizaba. Y toda idealización necesita distancia. Ella era una mujer casada, por lo que sostenían una pasión clandestina. El amor romántico en sus mayores extremos no se puede sostener cuando hay verdadero compromiso. Se requiere cierto obstáculo que sirva de velo de los defectos del otro. Se habían encontrado dos personas altamente poéticas que anteponían la emotividad desatada por encima del encuentro realista con la otra persona.

Este vínculo fue experimentado muy intensamente por el poeta. Posiblemente, él veía en su amada la encarnación de su mundo poético personal y utópico. Por ende, es adecuado hipotetizar que la muerte de Susette fue el golpe de gracia para que la esquizofrenia de Hölderlin termine de desatarse.

Como ejemplo de la extrema idealización de Hölderlin hacia su amada tenemos el poema Lamentos de Menón por Diotima. Este poema fue escrito antes de la muerte de Susette, tras la separación física de los dos debido a que él se fue a trabajar a un lugar distante.

Menón - así como Diotima - es también otro de los personajes de las obras de Platón. Su nombre es justamente el título de una de las obras más importantes del filósofo, “Menón o La Virtud”. Él es alguien que pregunta a Sócrates sobre qué es la virtud. Evidentemente, el poema de Hölderlin vendría a señalar que el amor es la virtud más elevada.

El poema trata de alguien que siente que muere porque todo ha perdido sentido. Entonces, aparece la luz del amor y le reanima. Los versos denotan un afecto en que la compasión, el amor de pareja y la espiritualidad se entrelazan como una unidad. Es bastante notorio que tuvo a Sussette en mente mientras lo redactaba. Todo el texto demuestra la intensa melancolía de Hölderlin, quien ve en su ser amado al puente metafísico con otro mundo ideal, que está por encima del mundo real, al cual rechaza como vacío y carente de sentido.

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La persona sensata y realista toma como punto de partida a la realidad para luego desarrollar ideas que le sirvan de esquema para conducirse en la realidad. Para Hölderlin, en cambio, lo real es posterior a las ideas. La realidad sería un velo que oculta al mundo de las ideas, el cual tendría un mayor grado de realidad y belleza.

La miseria existencial proviene de un corazón cerrado a la vida. Abrirse a la vida es abrirse a la complejidad de lo real. Hölderlin no se abría a la vida sino más bien al idealismo y veía a lo real como un accidente en que ciertos elementos son bellos en tanto que proveen un recuerdo de dicho idealismo. Inclusive cuando notamos sus múltiples alusiones a la naturaleza, más parece que esta es el reflejo de otra cosa, en vez de que ella valga en sí misma. Elementos como la Luna, los árboles, el bosque, son constantes en su obra. [1]

La obra más importante de Holderlin es Hiperión. De esta, la frase que más se suele destacar es: “El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando piensa”. Esta frase contrasta con el mensaje que escribió Goya en uno de sus grabados: “El sueño de la razón crea monstruos”. Quien antepone los sueños a la razón, los coloca fuera de toda posible discusión o proyecto sensato, lo cual solo puede conducir al desastre.

Maravillarse por las figuras de nuestra fantasía es algo sumamente seductor. Nos hace pensar en la figura de Don Quijote luchando contra los molinos de viento. Debemos sospechar de esta exaltación. Tiene más un matiz de evitación que de una apertura. Nos conduce a un profundo solipsismo, un onanismo mental, que impide el encuentro significativo con los otros y con la sociedad. La vitalidad sana y armónica proviene del encuentro con la vida. La decadencia, en cambio, es buscar distancia de la existencia.[2] El romántico apasionado persigue un imposible, a espaldas de toda consecuencia, para acceder a un estado de éxtasis emotivo. Una intensidad hueca que encuentra su sostén en la carencia.

El embellecimiento extremo de ciertos valores nos conduce a desprendernos de la realidad para que así no se rompa nuestra fantasía vitalizadora. El idealismo es un desencuentro con la realidad. Confunde al mapa con el territorio. De allí que se espiritualice a lo utópico y se considere a los conceptos como divinidades.

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La elevación de la poesía y los poetas por parte de Hölderlin es evidentemente exagerada. En general, ha sido muy propio del idealismo y el romanticismo exaltar al arte a niveles similares a los de la religión. Debemos recordar que la función del arte, en general, es afectar a la realidad de diferentes maneras, pero no suplantarla.

No existe “el arte” como unidad. Este es variado y polivalente. La ilustración en la portada de un comic no tiene la misma función que un lienzo de Max Ernst. Asimismo, un poema de Neruda no es lo mismo que un poema de Vallejo. De igual manera, una película norte-americana del género comedia romántica no es lo mismo que una película del expresionismo alemán como las de Fritz Lang o Friedrich Murnau.

La poesía, al ser parte del arte, tiene de igual manera diferentes funciones debido a su variedad. Hay poetas cómicos, retóricos, emotivos y otros cuasi matemáticos; la variedad es inmensa. Un poeta como Hölderlin gusta porque nos hace soñar con lo supremo. Da la sensación que uno se está acercando a lo sublime, que se está develando algo maravilloso. En realidad no se trata de nada más que la fascinación con fantasmagorías. Un sueño nostálgico que se resiste a aceptar su falta de sostén en la realidad. Un profundo desprecio a la vida real que se disfraza de miseria por la imposibilidad de un anhelo insatisfecho de trascendencia.

El pensamiento sabio y elevado debe acercarnos a vincularnos con la realidad, a profundizar en sus misterios, no a tomar distancia a favor de una ebriedad sentimentalista. El pensamiento romántico es un espejismo decorado de belleza. Impide todo posible proyecto de resultados fructíferos. Incluso, impide el encuentro profundo con las otras personas, sustituyéndolo con el encuentro exaltado y de frivolidad latente, como lo fue el romance entre Hölderlin y Sussette.

¿Para qué poetas en épocas de miseria? Depende en gran medida qué sentido se le dé a la poesía. Ante la miseria necesitamos algo que nos inyecte vitalidad, nos dé consuelo y nos permita acceder a un mejor estado. El pensamiento idealista y romántico no da nada de ello. Aleja de la vida, nos llena de una nostalgia basada en espejismos y nos estanca porque está divorciado del actuar práctico.

Un poeta como Hölderlin en vez de buscar la armonía, profundiza en la disonancia existencial. Busca tomar distancia de lo verdadero para sumergirse en un bálsamo estático. Intenta hallar sentido a la vida fuera de la vida misma, en vez de profundizar en ella.

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Hölderlin es reconocido como uno de los más importantes poetas que han existido. Su influencia es fundamental y ha dejado un legado significativo. Para muchos especialistas es una figura clave del romanticismo alemán.

Tras veintiocho años de la muerte de Hölderlin, el compositor Brahms terminó Schicksalslied – que traducido al español significa La canción del destino-. Es una de las obras más destacadas del músico y estuvo directamente influenciada por Hiperión.

Asimismo, podemos encontrar una fuerte influencia de Hiperión en Así habló Zaratustra de Friedrich Nietzsche. Esta obra es también una prosa poética que presenta una serie de ideas de manera profética. Incluso hay una carta de 1861 en que Nietzsche expresa que Hölderlin era su poeta favorito y lo recomienda.

También podemos destacar la admiración que le tuvo Martin Heidegger. El filósofo realizó una obra titulada Hölderlin y la esencia de la poesía. Lo consideraba como un poeta que poetizaba sobre poetizar; alguien que por medio de su poesía se manifestaba la esencia de la poesía en sí misma.

Encontramos también un fuerte impacto de Hölderlin en el poeta Rilke, el cual le dedicó un poema de título “A Hölderlin”. Toda la obra de Rilke tiene varias temáticas en común con Hölderlin, especialmente la consideración de que los poetas son una especie de profetas.

Para terminar, también podemos recordar la obra del psiquiatra Jaspers, quien hizo un análisis de la enfermedad mental de Hölderlin en Genio y locura, como parte de un ensayo en que analiza a varios creadores notables que también desarrollaron un perfil esquizofrénico.

Hölderlin es un poeta diferente al espíritu de los tiempos actuales. Su obra no refleja el sentir del mundo contemporáneo, pero por ello no deja de ser destacable. Es un autor de estudio obligado para el estudiante de filosofía y literatura. Su habilidad para los versos moviliza las emociones y nos otorga una sensación de maravilla que se va revelando más allá de lo evidente.

Este año 2020 se cumplen 250 años del nacimiento de Hölderlin. Fue un poeta con una visión del mundo muy interesante, muy personal y a la vez muy propia de su época. ¡Qué este aniversario sea motivo para explorar sus poemas, los cuales escribió con una muy intensa sensibilidad y con un extraordinario manejo de la lengua alemana!

[1] Como oposición a Hölderlin viene a la mente el pensamiento taoísta, el cual exalta a la naturaleza y la considera como fuente de sabiduría, no como símbolo - para ello solo basta leer la poesía de Li Tai Po-. Esta filosofía considera que el encuentro con lo natural debe ser una apertura permanente, sin aferrarse a nada que no sea el dinamismo de la realidad. Hölderlin ve con rechazo la complejidad dinámica de lo real y ve con nostalgia a lo absoluto que solo existe en el mundo de las ideas. [2] Recordemos que Baudelaire decía que le gustaría vivir en cualquier lado siempre y cuando sea fuera de este mundo.

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