La integración de la sombra
- Salvador Carrillo

- 19 dic 2025
- 3 Min. de lectura
por Salvador Carrillo
Todos tenemos un Diablo dentro, y el que cree que no, tiene dos.
-Chimo Bayo, en una entrevista.
La sombra es uno de los temas más interesantes e incomprendidos. La sombra es la oscuridad que se proyecta cuando cae la luz sobre un objeto. Se dice que algo es sombrío cuando hay poca luz y mucha oscuridad. Es decir, la sombra es aquello que queda incomprendido, lo que no ha sido integrado en el relato o la narrativa que busca explicar algo.

Pongamos por ejemplo que hablo sobre la familia Pérez. Digo que el padre es un hombre muy trabajador, la madre muy cariñosa y que tienen una hija estudiosa. ¿Suena ideal, ¿verdad? No menciono el mal temperamento del padre, las actitudes agresivo-pasivas de la madre ni los problemas adictivos secretos de la hija. Cuando construimos una explicación, para que esta sea coherente y se vea bien, tendemos a omitir ciertas cosas… y lo omitido es la sombra.
Imaginemos que una persona afirma: "Todos son malos, vivo en un mundo de gente cruel". En realidad, no está diciendo que todos sean absolutamente malos, sino que hay, en mayor o menor medida, maldad en las personas. Pero está omitiendo algo: que ella misma tiene maldad en su interior; está negando toda mala intención por su parte. Esto demuestra un autoconocimiento muy pobre. Tiene poca noción de su propia sombra.

Existen artistas, como por ejemplo H. R. Giger, que crean desde la sombra. Sus obras son monstruos oscuros, horripilantes y estéticos, que evocan erotismo y violencia, guerra e incluso satanismo. Representan todo lo que no queremos ver expuesto, todos nuestros instintos negados, en todo su poder. Giger es un artista interesante porque nos muestra que eso también está en nuestro interior.

En la sombra reside aquello que no resistimos ver porque nos parece terrible. Allí están nuestros anhelos violentos, nuestros complejos, nuestros deseos sexuales no reconocidos, nuestras angustias, nuestros traumas: todo aquello que no está incluido en el relato oficial de quién eres, cómo es tu entorno y tu vida; lo excluido del relato que te repites en la cabeza.
Descubrir nuestra sombra implica abrirnos a pensar y sentir aquello que no queremos "ver" de nosotros mismos, y eso puede ser doloroso y dar miedo. Implica validar ciertos sentimientos y deseos que no queremos reconocer como propios.
Algunos ejemplos de aceptar la sombra son:
Aceptar que en ciertos aspectos es necesario ser egoísta.
Que está bien no caer bien a todos.
Que no tuvimos un pasado perfecto y que hay un dolor traumático que es parte de quienes somos.
Que quizá mucha de la gente que creemos amar tal vez no nos agrada tanto como decimos.
Que quizá ya no queremos continuar con ciertas amistades.
Aceptar que somos mortales e imperfectos.
Que en cierta medida debo aceptar mi cólera para motivarme a defender mis derechos.
No es necesario que siempre piense en los demás.
Hay deseos eróticos en mi interior.
Reconocer la sombra no es hacer lo que se te ocurra. Es reconocer que el mundo tiene bastante de inmundo y que uno no es un ángel ni un santo lleno de amor.
Un ejemplo interesante es H.P. Lovecraft, extraordinario autor de terror. Sus relatos, en los que aparecen dioses oscuros como Cthulhu, son un clásico. Él era un hombre depresivo, con muchos problemas emocionales. Sus cuentos provenían justamente de ese sufrimiento. Escribir esas ficciones le resultaba sanador; era la única manera de poder exponer y compartir lo que sentía.

Muchas veces, hay aspectos de nuestra sombra tan reprimidos que solo pueden emerger de manera simbólica, ya sea leyendo un cuento, contemplando una obra pictórica o creando algo propio. Sabemos que la expresión de sentimientos traumáticos ayuda de manera significativa a sanar. Por eso, en terapia —cuando es necesario— también se emplean técnicas que utilizan la imaginación (no todo es diálogo), en las que se visualizan elementos de la sombra y se establece un diálogo con esas imágenes.
El proceso de sanación es Solve et Coagula, disolverse y coagularse, es decir, es disuelven muchos de nuestros autoconceptos para poder reconocer aquello que está negado, y se reconfiguran para tener una comprensión superior de uno mismo.





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