Autoaceptación: Deja de lado el “yo ideal” para abrazar a quien eres realmente

por Salvador Carrillo


Es difícil auto-aceptarse. Es una de las cosas más complejas que pueden haber. Muchos creen que se aceptan a sí mismos, pero en realidad la auto-aceptación profunda es algo poco frecuente.



Aceptarse a uno mismo no es darse permiso para hacer todo lo que provoque. Tampoco es justificar todas nuestras faltas, y menos aún es creerse superior a los demás. El reconocimiento de nuestros errores es necesario para que nos vaya mejor en la vida; todos somos imperfectos. Intentar engañarnos para creer que podemos hacerlo todo o que somos unos seres iluminados es un absurdo.


La auto-aceptación tampoco es convencer a los otros de que somos magníficos. Presentarle un personaje al mundo no cambia quienes som os por dentro. La auto-aceptación empieza por dentro, no por fuera. Quien se esmera demasiado por conseguir la aprobación o admiración de los demás se torna cada vez más dependiente de otros, no menos.


Estamos llenos de idealismos. Idealizamos el amor, el dinero, el status, pero sobretodo tenemos una idea idealizada de quien deberíamos ser. Una imagen tan grande ante la cual siempre nos sentiremos menos. Se trata de un imposible que es en realidad una caricatura inflada de ciertas virtudes elevadas al infinito. Vivir persiguiendo ese ideal que creemos que deberíamos ser es alienante.


Esa imagen idealizada de nosotros mismos debe ser destruida porque solo sirve para frustrarnos. Ha sido construida en base a nuestros rencores, traumas y fracasos. Es un caballo de Troya que contiene veneno. Su función no es hacer que nos superemos a nosotros mismos, sino acomplejarnos.


El primer paso para lograr auto-aceptarnos es el perdonarnos el hecho de que no somos ese ideal esperado. Las personas van por el mundo con rencor contra sí mismas. Les da cólera y vergüenza no ser quienes creen deberían ser. Ese perdón debe ser hecho para fomentar la aceptación y comprensión de quienes realmente somos, no para juzgarnos con dureza.


Vivir para acoplarse a un ideal de uno mismo solo genera frustración. Seremos dependientes e insatisfechos con todo lo que hagamos. Buscaremos estilos de vida que no nos llenan, ya que a más grande sea ese ideal de nosotros mismos, más vacío estará nuestro corazón. En vez de buscar ser los grandiosos, debemos buscar profundizar en la aceptación compasiva de nuestra propia circunstancia humana.


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